❤
Cayendo en la locura
sabía que vendrías...

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Doble estándar: Heteronormatividad y bisexualidad.

Soy bisexual, así que para mí no hay mucha diferencia entre bromear coqueteando con una amiga o con un amigo. Mientras ambas personas sepan que es una broma y no haya un interés romántico real de por medio, no veo ningún problema. (Y sí, solo hago esto con amigos solteros; no me interesa incomodar a la pareja de nadie).


Aquí está el problema: cuando bromeo coqueteando con una amiga y ella me sigue el juego, todo el mundo entiende de inmediato que es solo una broma. Simplemente somos dos amigas cercanas divirtiéndonos.

Pero si hago exactamente lo mismo con un amigo, alguien siempre asume que hay una intención oculta. De repente estamos saliendo en secreto, él siente algo por mí, estoy buscando excusas para justificar mi atracción, la situación es "confusa", "no es normal", o la gente insiste en que "al final pasará algo".

A este paso, si cada amigo con el que he bromeado fuera en secreto mi pareja romántica, tendría un poliamor lo suficientemente grande como para formar mi propio equipo de fútbol o un partido político pequeño.

Y luego está la respuesta típica: "Con los hombres es diferente".

¿Por qué?

¿La gente piensa seriamente que tener pene significa automáticamente estar interesado romántica o sexualmente en todas sus amigas/entes femeninos en tu área?

Y no hablo solo de ignorar la posibilidad de que algunos de estos hombres sean gays. Un hombre heterosexual no tiene por qué sentirse atraído por todas las mujeres que lo rodean. No tiene por qué desear en secreto una relación con cada amiga cercana. La amistad entre un hombre y una mujer no implica automáticamente una tensión romántica tácita, ni significa que él sea una víctima trágica de la "zona de amigos" o un pobre hombre paciente.

No son perros en celo.

Y yo no soy una rompecorazones manipuladora por hacer una broma coqueta con mis amigos. Si eso los incomodara, me lo dirían y yo dejaría de hacerlo. Si sintieran algo por mí, también podrían decírmelo. Saben perfectamente que estoy bromeando y que no intento iniciar nada. Porque, aunque no lo creas, realmente conozco a mis amigos. Sé qué tipo de personas les atraen. Sé por quiénes empiezan a sentir algo. Y yo no estoy en esa lista. Ni ellos están en la mía. Pero este estigma sobre amistades femeninas y masculinas no nace de la nada, tiene nombre y apellido: heteronormatividad. Nuestra fuente confiable de información (Google) la definiría como: "regla social que dice que todas las personas son y deben ser heterosexuales. Esta norma presenta a la atracción entre un hombre y una mujer como la única forma correcta, natural y normal de vivir la sexualidad y el amor".

Es este imaginario social impuesto el que genera en nuestras mentes un sesgo donde las amistades con nuestro mismo género son reales e ideales, mientras que la socialización con el género opuesto estará siempre inclinada a fines románticos o sexuales, generando incluso la ilusión de que sostener vínculos con el género opuesto estando en pareja es una señal de alerta en sí misma.

Este pensamiento no solo es inmaduro y anticuado, sino que deja de lado e invisibiliza la experiencia de personas homosexuales y bisexuales. Además, la idea de restringir tus amistades a los géneros por los cuales no sientes atracción sexual o romántica atrasa miles de años de evolución del ser humano al formar vínculos sociales. ¿Solo los genitales de una persona definen para vos si podés congeniar con ellos sin pretender algo íntimo más allá de lo fraternal? Quizás mi experiencia sea diferente al ser asexual, pero para sentirme atraída románticamente necesito más que solo el género de la persona; incluso si nos basamos exclusivamente en lo sexual, no todas las personas te van a atraer sexualmente sin importar su género.

Pero esto va de la mano con otro término maravilloso: falocentrismo: "Tendencia teórica y cultural que sitúa al falo (el pene o su equivalente como símbolo de poder) en el centro de la organización social, la filosofía y la psique humana, considerándolo la norma y la medida de todas las cosas". Y acá es donde culpo a los hombres de todo, jaja. Bajo esta perspectiva, y teniendo en cuenta la heteronormatividad, las cuentas quedan claras. Si la norma es ser hetero y el hombre cis está en el centro de todo, entonces cualquier vínculo social que tenga una mujer con un hombre automáticamente se asume sexual. Y si se niega, entonces él es víctima de una atracción no correspondida, o cualquier ayuda/favor/detalle que haga él a favor de ese vínculo es solo un medio para un fin: el vínculo sexual. Un ejemplo cotidiano: un amigo te ayuda con una mudanza, te presta plata sin apuro para devolvérsela, o simplemente te escucha en un mal momento. Automáticamente aparece alguien diciendo "ojo que eso no lo hace gratis", como si la generosidad de un hombre hacia una amiga necesitara siempre una motivación oculta. Rara vez se lee ese mismo gesto entre dos amigas como una inversión a futuro. La sospecha no está en el gesto, está en quién lo hace.

De esta forma es imposible para el pópulo asimilar que dos personas del sexo opuesto puedan simplemente tener una relación fraternal sin dobles intenciones y con un vínculo recíproco. O considerar a un hombre capaz de sostener vínculos sanos y de confianza sin pretender un fin sexual. Y es esa misma idea la que lleva a la conocida "epidemia de soledad masculina".

Y ahí está la otra cara de la misma moneda. El mismo sistema que a mí me obliga a explicar que un chiste coqueto no es una declaración de amor, es el que le enseña a un hombre que casi cualquier vínculo cercano con una mujer va a leerse en clave sexual, tarde o temprano. Así que, si no está buscando pareja, mejor ni se acerque; y si se acerca, que sea con una intención clara, porque la ambigüedad fraternal no tiene lugar permitido. El resultado es que muchos hombres terminan reduciendo su círculo íntimo a otros hombres —con quienes tampoco se les enseñó a tener intimidad emocional— o a una pareja romántica, que termina siendo la única relación autorizada para sostener vulnerabilidad. Sacale a alguien la mitad de la población como fuente posible de amistad cercana y no sorprende que después no tenga con quién hablar de lo que le pasa. La heteronormatividad no solo vigila con quién coqueteo yo; también decide con quién un hombre tiene permitido simplemente confiar. Y ese, sospecho, es un problema mucho más grande que el mío.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Reflexión sobre dinamica sasu-saku

  Cada vez que leo a alguien llamar pesada a Sakura por su insistencia con Sasuke solo pienso en que el doble de ...