Últimamente he tenido sueños muy extraños cada vez que duermo una siesta.
Hoy soñé que seguía durmiendo en mi cama cuando mi hermana entró en la habitación y empezó a hablarme, haciendo que me despertara a medias. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue si llevaba pantalones o no, ya que suelo dormir sin ellos y, obviamente, me daría vergüenza que mi hermana menor me viera en ropa interior. Intenté tantear la manta para cubrirme bien, pero no podía moverme. Empecé a estresarme; sentía casi como si estuviera completamente desnuda mientras intentaba desesperadamente taparme.
Mientras tanto, oía a mi hermana hablar, pero no entendía lo que decía. Solo sabía que insistía una y otra vez. Sinceramente, no era muy diferente a la realidad.
Entonces me di cuenta de que no podía moverme en absoluto. No podía abrir los ojos, mover el cuerpo ni siquiera hablar, como si estuviera sufriendo una parálisis del sueño (todo esto seguía ocurriendo dentro del sueño). Gruñí, jadeé e intenté girar el cuerpo lo justo para avisar a mi hermana de que estaba despierta, pero sentía como si estuviera pegada a la cama.
Al final, logré despertarme. Mi hermana ya no estaba, pero algo me hizo mirar mis cuadros: los que yo misma había pintado y que tengo colgados en la pared.
Todos y cada uno de ellos estaban húmedos, como si la pintura nunca se hubiera secado. Estaban apilados unos sobre otros, pegándose entre sí y deshaciéndose. Era como si hubieran sido pintados sobre cartón o papel que se había empapado y empezaba a romperse, como si se estuvieran derritiendo.
Intenté separarlos y salvar al menos algunos, pero cuanto más miraba, más cuadros dañados encontraba. Empecé a entrar en pánico. Respiraba más rápido, abrumada por la tristeza, y de repente lloraba con tanta fuerza que apenas podía recuperar el aliento.
Al mismo tiempo, sentía como si me diera cuenta de que estaba llorando con cierto retraso; como si solo fuera consciente de haber empezado a llorar porque oía mi propio hipo.
Justo antes de enloquecer de la angustia por completo, me desperté.
Esta vez de verdad.
Confundida, encendí la linterna de mi celu y miré mis cuadros.
Estaban perfectamente bien. Llevaba menos de treinta minutos de siesta, nisiquiera había terminado de reproducirse el video con el que me dormí.
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